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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, 25 de noviembre

Una de las más devastadoras violaciones de los derechos humanos

En la actualidad, la violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo.

La desigualdad entre los géneros persiste en todo el mundo. Acabar con ella requiere esfuerzos enérgicos para combatir la discriminación profundamente enraizada, que a menudo es consecuencia de actitudes patriarcales y de las normas sociales que estas conllevan, como señaló el Secretario General, António Guterres, al informar acerca de la situación del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, referido a la igualdad de la mujer, en el marco del informe sobre los Progresos de la Agenda 2030.

Algunos datos inadmisibles

La violencia contra la mujer es la forma más extrema de discriminación y, en los casos más graves, esa violencia puede provocar la muerte. Según datos del citado informe, referidos a 87 países y recolectados entre 2005 y 2016, el 19% de las mujeres de entre 15 y 49 años de edad dijeron que habían experimentado violencia física o sexual, o ambas, a manos de su pareja en los 12 meses anteriores a ser preguntadas sobre este asunto. En 2012, casi la mitad de las mujeres víctimas de un homicidio intencional en todo el mundo fueron asesinadas por su pareja o un familiar, en comparación con el 6% de los varones.

Otro caso extremo de violencia es la ablación. Desde el año 2000, la práctica tradicional nociva de la mutilación femenina ha disminuido en un 24%. No obstante, la prevalencia sigue siendo elevada en algunos de los 30 países que disponen de datos representativos, y en los que, según datos de encuestas realizadas alrededor de 2015, más de 1 de cada 3 niñas de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años habían sufrido esa práctica, en comparación con casi 1 de cada 2 niñas alrededor de 2000.

Además, apenas la mitad de las mujeres de entre 15 y 49 años (un 52%) que están casadas o viven en pareja toman sus propias decisiones en materia de relaciones sexuales consentidas, usan anticonceptivos y acuden a los servicios de salud. Esa estadística se basa en datos disponibles en torno a 2012 sobre 45 países, 43 de ellos de regiones en desarrollo.

Asimismo, la violencia contra la mujer se exacerba en los conflictos armados. En cambio, la igualdad de género ayuda a evitar conflictos, pese a lo cual las medidas en pos de una mayor inclusión, liderazgo y protección de las mujeres en las tareas de la consolidación de la paz siguen siendo insuficientes y, en algunos lugares, incluso se han producido retrocesos en este sentido, según un reciente artículo de Onu-Mujeres, la agencia de las Naciones Unidas defensora de mujeres y niñas.

Falta de fondos

Una de las principales dificultades para prevenir y acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas es la marcada insuficiencia de fondos, que determina que los recursos para estas iniciativas sean sumamente escasos.

Sin embargo, este año se ha producido una buena noticia en este ámbito, ya que la Unión Europa y las Naciones Unidas acaban de lanzar la Iniciativa Spotlightque, con una provisión de fodos de 500 millones de euros, busca sacar a la luz pública la cuestión de la violencia contra la mujer.

Otra iniciativa que contribuye a poner al descubierto esta lacra es ÚNETE para poner fin a la violencia contra la Mujer, iniciativa que fue lanzada en 2008 por el entonces Secretario General de nuestra Organización, Ban Ki-moon, y que ha sido respaldada por su sucesor, António Guterres.

Que nadie se quede atrás

ÚNETE es la responsable de la campaña 16 días de activismo contra la violencia de género que tiene por objetivo sensibilizar y movilizar al público en todo el mundo para lograr un cambio. Estos 16 son los que transcurren entre el 25 de noviembre y 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. La campaña de este año se celebra bajo el tema: «Que nadie se quede atrás: pongamos fin a la violencia contras las mujeres y las niñas». Este tema refuerza el compromiso de la campaña ÚNETE con un mundo sin violencia para todas las mujeres y las niñas, al tiempo que se ocupa en primer lugar de las personas más marginadas y desatendidas, entre otras, las personas refugiadas, migrantes, las minorías, los pueblos indígenas y las poblaciones afectadas por el conflicto y los desastres naturales. Como en años anteriores, ÚNETE invita a «pintar el mundo de naranja», usando este color como símbolo de un futuro más brillante y sin violencia de género.

Logo para los 16 días de activismo contra la violencia de género 2017 perteneciente a la campaña del Secretario General ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres.

Sindicalismo

Hacemos parte de un movimiento, que tiene principios, valores, objetivos, identidad, fuerza, y también una historia:

El sindicalismo, se origina con la revolución industrial en el último tercio del siglo XVIII, donde se dio lugar a que la máquina sustituyera al trabajador manual.

La introducción de la máquina, produce grandes ganancias a los industriales dueños de ellas, obtenidas a costa del sufrimiento del naciente proletariado de las fábricas, la fatiga excesiva, la insuficiencia en la alimentación, la disciplina imperante, las jornadas laborales superiores a 12 horas diarias, etc. Que debían de soportar los operarios.

Las mujeres y niños eran explotados sin misericordia, se les destinaban los trabajos más duros y humillantes, exponiendo con ello, hasta sus vidas. Es así como el operario se convierte en esclavo de la máquina y el trabajo del hombre se hace indigno y subvalorado.

Con la revolución industrial, se produjo una radical transformación en la producción de productos, especialmente en Inglaterra.

En plena revolución industrial el obrero estaba desamparado, incluso si se enfermaba, situación muy común por las largas jornadas y pésimas condiciones laborales, al no poder trabajar, el patrón no le pagaba y era rápidamente reemplazado por otro trabajador, que esperaba una supuesta “oportunidad” para vender sus conocimientos y habilidades manuales a cambio de un salario, para sostener su familia; desde entonces los empresarios descubrieron la necesidad de tener una cifra importante de desempleados, como arma de chantaje, para obligar a las personas a laborar en condiciones infrahumanas y hasta enfermos, sin derecho a reclamar, por temor a ser despedidos.

El sindicalismo surge con fuerza, para lograr revertir las imposiciones del capitalismo dominante en la época.